jueves, 26 de julio de 2007

EL PRIMER SUEÑO DE DON BOSCO

Del libro “Iniciación al estudio de Don Bosco”
Capítulo “Los primeros treinta años de la vida de Don Bosco”
P. Fernando Peraza Leal sdb
Centro Salesiano Regional – Quito – Ecuador



El primer sueño, entre los 9 y los 10 años (1825)

“Tuve por entonces un sueño que me quedó profundamente grabado en la mente para toda la vida” (Memorias del Oratorio, pág. 349-351)



Así narra Don Bosco su sueño, casi cincuenta años después de haberlo tenido: (Se lo había contado a Pío IX por primera vez en 1858 (MO. , pág. 351)

“En el sueño me pareció estar junto a mi casa, en un paraje bastante espacioso, donde había reunida una multitud de chiquillos en pleno juego. Unos reían, otros jugaban, otros blasfemaban... al oír aquellas blasfemias, me metí en medio de ellos para hacerles callar a puñetazos e insultos.

En aquel momento apareció un hombre muy respetable, de varonil aspecto... su rostro era luminoso, tanto que no se podía fijar en él la mirada. Me llamó por mi nombre y me mandó ponerme al frente de aquellos muchachos, añadiendo estas palabras: ”no con golpes, sino con la mansedumbre y la caridad deberás ganarte a estos tus amigos. Ponte, pues, ahora mismo a enseñarles la fealdad del pecado y la hermosura de la virtud”.

- Aturdido y espantado, le dije que yo era un pobre mucho ignorante, incapaz de hablar de religión a aquellos jovencitos.

- ¿Quién sois vos para mandarme cosas imposibles?
- Precisamente porque te parece imposible, debes convertirlo en posible por la obediencia y la adquisición de la ciencia.
- ¿En dónde? ¿Cómo podré adquirir la ciencia?
- Yo te daré la Maestra bajo cuya disciplina podrás llegar a ser sabio y sin la cual toda sabiduría se vuelve necedad.
- ¿Pero quien sois vos que me habláis de este modo?
- Yo soy el Hijo de Aquella a Quien tu madre te enseñó a saludar tres veces por día.
- Mi madre me dice que no me junte con los que no conozco sin su permiso; decidme, por tanto, vuestro nombre.
- Mi nombre pregúntaselo a mi Madre.

En aquel momento vi junto a Él una Señora de aspecto majestuoso, vestida con un manto que resplandecía por todas partes. La cual, viéndome cada vez más desconcertado en mis preguntas y respuestas, me indicó que me acercase a ella y, tomándome bondadosamente de la mano, me habló:

- Mira, me dijo.

Al mirar, me di cuenta que aquellos muchachos habían escapado; y vi, en su lugar, una multitud de cabritos, perros, gatos...

- He aquí tu campo, he aquí en donde debes trabajar. Hazte humilde, fuerte y robusto; y lo que vez que ocurre en estos momentos con estos animales, lo deberás tú hacer con mis hijos.

Volví entonces la mirada y, en vez de los animales feroces, aparecieron otros tantos mansos corderillos que, haciendo fiestas al Hombre y a la Señora, seguían saltando y bailando a su alrededor.

En aquel momento, siempre en sueños, me eché a llorar. Pedía que me hablase de modo que pudiera comprender, pues no alcanzaba a entender qué quería representar todo aquello. Entonces Ella me puso la mano sobre la cabeza y me dijo.

- A su tiempo lo comprenderás todo.

Dicho esto, un ruido me despertó y desapareció la visión.”

ü Las interpretaciones familiares del SUEÑO y la posición de Don Bosco.


Al contar a su familia el sueño, las interpretaciones son diversas. Don Bosco confiesa que él se quedó con la de su abuela, analfabeta del todo, “con ribetes de teóloga”: no hay que hacer caso a los sueños. Pero dice también: “NUNCA PUDE ECHAR EN OLVIDO AQUEL SUEÑO. Lo que expondré a continuación dará explicación de ello”.

Y lo que relata a continuación es la génesis de su Vocación y de su Obra, que Don Bosco constata más adelante, tuvieron en ese sueño su primera expresión en la conciencia de Juan.

Aquel sueño se repetirá durante los siguientes años, hasta 1846. El cuadro de fondo es el mismo, pero se van agregando nuevos elementos, cf. MB. I, 117 y 343; MO. II, 15/, pág. 414-424.

La aclaración definitiva de su sentido la verá Don Bosco el 15 de mayo de 1887, al celebrar la misa en la Basílica del Sagrado Corazón en Roma. Cuando Don Carlos Viglietti le preguntó la razón de haberse emocionado tanto (había interrumpido la misa 15 veces a causa del llanto), le respondió: “Tenía viva ante mis ojos la escena de cuando soñé a los 10 años. Veía y oía realmente a la mamá y a los hermanos opinar sobre el sueño...” Se había cumplido aquello que le dijera la Señora en el sueño: “A su tiempo lo comprenderás todo”. Había llegado a la conclusión de la misión que se le había confiado. Todavía en 1886 tiene un sueño en que se hace alusión al de los 9 años.

Sobre el fenómeno de los sueños en Don Bosco se puede consultar la primera parte del libro “Los Sueños de Don Bosco”, del P. Fausto Jiménez sdb, CCS, Madrid, 1989, que es el más reciente. Pero hay otros escritos al respecto; Cf. Lemoyne, MB I, pág. 343. Hay una interesante nota sobre este tema en el libro de Teresio Bosco “Don Bosco, una biografía nueva”, CCS, Madrid, 1979, pág. 328-330, y MB XVII, 16-21

Después de este sueño vocacional, en el que se resiste a creer, se produce una consecuencia operativa. Empieza a hacer un ejercicio de su misión apostólica. En su casita de I Becchi, en Moncucco, en Chieri... es una necesidad interior que lo llevará a su opción pastoral definitiva, en Turín (1841-1844).

”A los diez años hacía lo que era compatible a esa edad, una especie de oratorio festivo... Había en I Becchi un prado en donde crecían entonces algunos árboles, de los que todavía queda un peral, que en aquel tiempo me sirvió de mucho. Ataba a ese árbol una cuerda que anudaba a otro más distante. Después una mesita con la bolsa y una alfombra en el suelo para dar los saltos. Cuando todo estaba preparado y el público ansioso por lo que iba a venir, entonces invitaba a todos a rezar la tercera parte del rosario... Acabado esto subía a una silla y predicaba o, mejor dicho, repetía lo que recordaba de la explicación del Evangelio que había oído por la mañana en la Iglesia, o también contaba hechos y ejemplos oídos o leídos en algún libro. Terminado el sermón, se rezaba un poco y enseguida venían las diversiones”. (MO. Pág. 353 y 354)


Algunos comentarios sobre el sueño

El horror por la blasfemia ha sido inculcado por Mamá Margarita en sus hijos... También era delito castigado por la legislación civil en la época de la Restauración.

Hay un envío a una misión. Una misión de PASTOR; y hay señalado aquí un método: la mansedumbre y la caridad. Su aplicación toca en profundidad la persona del destinatario
.


Margarita cuidaba muy bien las compañías de sus hijos. “De ahora en adelante, entiéndete con María”, le dice el Hombre del sueño.

“La Madre”, de veras ha sido y será ahora su maestra y su seguridad. Eso había sido Margarita para Juan y lo será ahora la Virgen, prolongando en toda su vida esta experiencia humana y de fe. No es suficiente ser amado, sino sentir que se es amado! Define el campo de su misión y su objetivo: convertir animales feroces en corderillos.

El Hombre está presente, pero el diálogo es con la Señora. La mediación mariana es un hecho vocacional para Don Bosco. La eficiencia educativa de la caridad pastoral produce una transformación completa del educando.

La fuerza expresiva de los símbolos en el lenguaje del sueño es evidente.

“Me puso la mano sobre la cabeza” Un nuevo signo tangible del amor educativo.


Del libro “Iniciación al estudio de Don Bosco”
Capítulo “Los primeros treinta años de la vida de Don Bosco”
P. Fernando Peraza Leal sdb
Centro Salesiano Regional – Quito – Ecuador